El Valor del Dinero!!

Hoy vivimos en una sociedad más consumista que antes, o como se suele decir, que en mis tiempos. Donde los niños tienen de todo y de más, y aún así, siguen pidiendo. Donde Papa Noel y los Reyes Magos, no le traen uno, sino dos, tres… decenas de regalos, regalos de listas que nosotros mismos les ayudamos a elaborar, colaborando en ese afán consumista. Y si alguno se perdió por el camino, siempre nos quedará un segundo intento en el cumpleaños. Sí, que ahora los cumples son otro nivel, y también incluyen lista. Los juguetes ahora tienen fecha de caducidad, da igual que nuevo esté o lo bien/mal que lo cuidemos, pronto saldrá un modelo nuevo, la versión 2.0, y nos las ingeniaremos, sin mucho esfuerzo, por tenerla.

Por eso me gustaría enseñarle a mi niño, desde pequeñito, desde ya, que las cosas hay que cuidarlas. Que cuestan dinero. Y que el dinero supone trabajo y esfuerzo conseguirlo. Que no se puede comprar todo lo que se quiere y cuando se quiere. Que hay que valorar más lo que se tiene, y no, lo que no se tiene.

Sin embargo, como le explicas todo esto a un niño que acaba de cumplir tres años?

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Empieza el Cole!!

Último día… hoy despedimos oficialmente las vacaciones de verano. EMPIEZA EL COLE! Y si soy sincera creo que estoy más nerviosa yo, que el peque!

Y es que desde antes de acabar la guardería (escuela infantil), ya empezamos a mentalizar al peque que esos serían sus últimos días allí. Que luego tendría unas semanas de vacaciones para jugar y estar con los abuelos, tíos, primos.. para finalmente empezar en un cole nuevo. “El cole de mayores”

No sabría decir si está preparado o no, diría que más bien está entusiasmado porque va a ir a un cole de mayores. Mamá, yo no quiero ir a la guardería, quiero ir al cole de mayores. Me dijo el otro día. Y eso harás cariño, irás al cole de mayores. Y lo digo con la boca pequeñita porque si os soy sincera, yo preferiría que siguiera en la guardería de por vida.

Así que, aquí estamos, expectantes de ver que sucede mañana. Deseando que vaya todo bien. Que el peque se adapte muy bien y se lo pase en grande. Porque de lo que se trata es de que aprenda, pero que lo haga jugando y pasándolo bien, disfrutando. Y nerviosa, muy nerviosa…

Aunque pensándolo bien, cómo no voy a estar nerviosa?

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Síndrome del Impostor!!

Estoy de vuelta!! Sí, después de más de un mes sin publicar, aquí estoy, para seguir con más energía que nunca este proyecto que con tanta ilusión empecé.

Os preguntaréis… por qué este parón?

Podría mentir y decir que, al igual que otra mucha gente, simplemente fue un parón vacacional. Que quería disfrutar de las vacaciones con la familia, dedicarles el 100% y desconectar de todo. Reconozco que en un principio sí que era esa la intención, pero cuando empezaron a pasar las semanas, y las vacaciones se habían acabado, me di cuenta de que lo seguía utilizando de excusa para no publicar.

Qué me estaba pasando?

Este blog es de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Empezó siendo un proyecto personal, un compromiso público con el que buscaba darle la vuelta a mi vida y, finalmente, en él encontré una manera de expresar lo que siento y como lo siento. Una forma de plasmar mis pensamientos, mis reflexiones. Gracias a este blog he conocido a gente maravillosa y con la que conecto de una manera especial. Gente a la que admiro y que es muy muy grande.

Y entonces?

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Contagio Emocional!!

Alguna vez os encontrasteis en un circulo vicioso del que no erais capaces de salir? 

Yo llevaba tiempo sintiéndome así. En casa, el cansancio se había apoderado de mi, de papi… de nosotros. El trabajo, la casa (siempre desordenada), el peque, el no dar llegado a todo, el querer hacer más de lo que puedes, el no tener tiempo… nos llevó a una situación de crispación permanente. Las conversaciones, sin saber cómo, se empezaron a centrar solo en lo negativo. Cada vez eran más frecuentes los pulsos, casi batallas, de quién estaba más cansado, justificando quien hacía o dejaba de hacer cada cosa. Al final, con el tiempo, te acostumbras tanto a vivir en ese ambiente que te parece que es lo normal, ves que hay más gente como nosotros, y lo usas como disculpa, pero no! No es lo normal, no debería serlo.

Lo peor de todo es que realmente quien me hizo darme cuenta de ello fue mi niño, y lo hizo poniéndome la mano en la cara y diciéndome: “mama que te pasó? Estás triste?”. Con apenas tres años. Entenderéis que esas palabras me cayeran como un jarro de agua fría. Se me encogió el corazón, y en ese preciso instante me di cuenta que lo estábamos haciendo fatal. Pensamos que jugando con él, leyéndole cuentos, llevándolo al parque, a la playa… comprándole algún capricho de vez en cuando… que ya lo estás haciendo feliz. Nos olvidamos que ellos, aunque sean niños, perciben esa tensión, puede que a su manera, pero la perciben. Y aunque está claro que no podemos, ni debemos, meter a los niños en burbujas y hacerlos ajenos a todos los problemas. Aunque sea consciente de que hay que explicarles y hacerles entender que papá y mamá también lloran y también tienen momentos de tristeza, de estar enfadados… en esta ocasión, sentía que no era un momento, sino una situación. Una situación generada por nosotros y evitable. Me di cuenta que no quería que mi niño creciera en un ambiente tenso y que era momento de hacer algo, pero… Que podía hacer? 

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Reducción de Jornada!!

Qué difícil es, hoy en día, conciliar vida familiar y trabajo. Antes de ser madre ya empiezas a intuir que no va a ser nada fácil. Empiezas alargando el momento de tener un hijo, a pesar de que lleves tiempo queriendo hacerlo, en un intento de encontrar ese momento perfecto. Momento que nunca llega. Te das cuenta de que la temida frase que todo el mundo repite una y otra vez: “se te va a pasar el arroz”, ahora cobra un significado real para ti. Empiezas a pensar en edad y embarazo de riesgo, dos palabras que van unidas de la mano. Así que, si de verdad quieres ser madre tendrás que hacerlo en las circunstancias que tengas y adaptarte a ellas como puedas. Sin pensarlo más, te lanzas, y después… después haces lo que buenamente puedes. Hay familias que tienen que recurrir a los abuelos, a la familia… y si como yo, no tienes la suerte de que vivan cerca… no te quedará otra que hacer malabares, recurrir a los medios que tengas a tu alcance, e incluso en casos, dejar el trabajo.

A mí no me quedó otra que recurrir a una reducción de jornada. Reducción de jornada que me permitió continuar en mi trabajo, y además, me permitió pasar de un horario a turnos rotativos, a un horario estable, siempre de mañana y de lunes a viernes. No todo el mundo que trabaja a turnos tiene esa posibilidad. En ese sentido me siento afortunada. Vi una luz al final del túnel. Una luz que me iba a permitir organizarme mejor para poder criar a mi peque, sin tener que recurrir a una ayuda diaria, y sin tener que renunciar a mi trabajo, como tuvo, y tiene que hacer, muchísima gente. Y es que tenía clara una cosa, que si tenía un hijo, sería para estar con él, para verlo crecer y disfrutar de cada etapa sin perderme nada.

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