El que más o el que menos alguna vez en su vida se ha puesto a dieta. En mi caso puedo decir que soy toda una experta en dietas, ya he probado unas cuantas: dieta del melocotón, dieta del limón, dieta de la alcachofa, dieta disociada… incluso alguna dieta exprés (de todas ellas hablaré en próximos Posts)

Sin embargo, fue gracias a una nutricionista maravillosa que conocí, la que realmente me enseñó que para sentirse bien y bajar de peso no es necesario recurrir a este tipo de dietas, sino que lo que hay que hacer es aprender a comer sano, y fundamental, combinarlo con ejercicio físico.

A continuación pongo algunos trucos que te ayudarán a comer más sano:

Hacer la compra con cabeza. Aprender a comprar de manera inteligente ayudará a tener mejores hábitos de alimentación. Es muy difícil resistirse a la tentación de comer un helado, tu pastel favorito, unas patatas fritas… si sé que me están esperando en la despensa o la nevera. Por eso es muy importante intentar prescindir de la comida “poco saludable”. Es recomendable ir al súper después de comer para no dejarte llevar por el apetito y evitar comprar de manera impulsiva. También es importante hacer una lista con lo necesario y, sobretodo, ceñirse exclusivamente a la lista.

Beber agua. Se recomienda beber como mínimo litro y medio de agua al día. En mi caso lo de beber agua es una batalla perdida, pero sin embargo con la ayuda de una aplicación de móvil he conseguido alcanzar a beber el litro y medio. En concreto, la que uso yo, se llama “mi agua“. Esta aplicación te permite hacer un seguimiento del agua que vas consumiendo a lo largo del día hasta llegar al objetivo programado y para ello puedes configurar una serie de alarmas que funcionan como recordatorio para que no te olvides.

No saltarse el desayuno. Resulta que saltarse el desayuno favorece al estreñimiento, aumenta el riesgo de obesidad, diabetes e infartos. Esto es debido a que la ingesta de calorías debe ser mayor en el desayuno e ir disminuyendo a lo largo del día. La cena debe ser la más ligera. No desayunar produce un acumulo de apetito a lo lardo del día lo que hace que se tienda a cenar más. Además es muy importante desayunar para activar el metabolismo. Por algo está el dicho: el desayuno es la comida más importante del día.

Hacer cinco comidas. No solo es importante el desayuno, también se recomienda hacer cinco comidas al día. Es una forma de asegurar que el organismo esté constantemente en funcionamiento, se tiene más energía y ayuda a quemar grasa. Además, al hacer las cinco comidas, permite llegar a la hora de comer o de cenar con menos apetito y por lo tanto ayuda a no pegarse atracones.

Evitar azúcares. Hay que intentar reducir en la medida de lo posible el azúcar. Una opción es sustituir el azúcar por edulcorantes. Se puede elegir entre edulcorantes químicos tipo sacarina o edulcorantes naturales (que tanto se han puesto ahora de moda) como son la estevia, azúcar de panela… Cuidado con algunos edulcorantes naturales como pueden ser el néctar de agave, aunque son más saludables que el azúcar, no sirven para dietas.

Compensar. Es my importante no obsesionarse, por eso si un día te apetece salir a cenar con tus amigos o ir con tu familia a comer unas hamburguesas, puedes hacerlo. Y si lo haces luego no te arrepientas o te sientas mal por ello, la vida también hay que disfrutarla. Simplemente lo que hay que hacer es compensar ese exceso. Y para ello es tan sencillo como esa semana hacer un poco más de ejercicio o ese día por la noche en vez de cenar el filete con champiñones que tenías pensado, cenas una macedonia de frutas con yogur desnatado (nunca te saltes una comida para compensar, recuerda lo importante de las cinco comidas)

Evitar la comida precocinada. Sí, la comida precocinada te quita de muchos apuros, es una manera fácil, rápida y cómoda cuando no dispones de mucho tiempo. Y además, está rica. Sin embargo, si lo que buscas es comer sano, evítalas todo lo posible y recurre a ellas solo en momentos puntuales. Esto es debido a que este tipo de comida tiene un alto contenido en sal, azúcar y grasas saturadas (además de que muchos contienen aditivos).

No abusar de la sal. El abuso de sal además de hacer que tu cuerpo retenga agua, es perjudicial para los riñones y el corazón. Así que ya sabes, intenta usar más especias para aumentar el sabor de las comidas y reduce todo lo posible la cantidad de sal.

Evitar las bebidas con alcohol y azucaradas. Creo que no hace falta explicar que el motivo es su alto contenido en calorías. Se debe tener en cuenta que todas las calorías que se toman a mayores de las que nuestro cuerpo necesita, éste las almacenará como grasa.

Cuidado con las mahonesas y salsas varias. Si te vas a comer una ensalada pero has decidido acompañarla de una salsa césar (por poner un ejemplo), estás cometiendo el error de convertir una comida saludable, en otra calórica. Hay otras formas de darle un sabor extra a las ensaladas sin recurrir a este tipo de salsas (por ejemplo con especias). De todas maneras si has decidido recurrir a ellas…  intenta que sean bajas en grasas y no abuses de la cantidad.

Con o sin pan. Comer sano significa comer de todo, por lo que nunca se debe quitar el pan. Aunque debes seguir algunas pautas: mejor el pan integral que el normal, mejor el tostado que el de molde… tomarlo por las mañanas, a media mañana o media tarde y evitarlo con las comidas principales… acompañarlo de pavo, queso fresco, jamón serrano, con el café… queda prohibido lo de mojar el pan en esa salsa de almejas que tanto nos gusta.

Comer despacio. Puede parecer una tontería pero al masticar despacio se obtiene una sensación de saciedad con menos cantidad de comida. Además le facilitamos las digestiones a nuestro organismo, lo que ayuda en la pérdida de peso.

Y relacionado con este último, mi truco estrella. Cuando tengas un compromiso familiar y tengas que acudir a comer a casa de esa tía, prima, abuela… que su único objetivo es que salgas de allí rodando porque cada vez que te ve el plato vacío siente la necesidad de ponerte otro trozo de empanada, bizcocho, tarta… La clave está en hacer que ese trozo te dure lo máximo posible, para ello, intenta que los bocados sean pequeños, come despacio, haz alguna pausa de por medio… Mientras vean que aún tienes comida en el plato no sentirán esa necesidad imperiosa de echarte otro.

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