Hoy es martes de carnaval! Esa fecha donde pequeños y grandes dejan volar su imaginación, pierden la vergüenza y simplemente disfrutan.

Unas fiestas que algunos teníamos aparcadas y observábamos desde las gradas. Y que ahora, con un peque como protagonista, nos vuelven a hacer partícipes (momento déjà vu).

Empezando por los pequeñísimos de la casa. Que aunque, aún no se dan cuenta de nada, ya nos encargamos los papis de vestirlos con sus mejores galas. Ya sea de dinosaurio, de osito, de mickey mouse… es decir, lo más gracioso y tierno que se nos pueda ocurrir. O como un compañero me decía el otro día, disfrazarlos de nuestro personaje friki favorito. Y no le quito razón! Todos en algún momento, o alguna vez, hemos querido dar o hacer con nuestro peque, lo que nos hubiese gustado para nosotros. Es inevitable! Además, en defensa de los papis, he de decir que tenemos que aprovechar, que para disfrazarse de lo que ellos quieran, ya habrá mucho tiempo.

Luego están los que ya se empiezan a dar cuenta de todo, como es el caso del mío. Para ellos, es todo un descubrimiento. Empiezan con la elaboración del disfraz para la fiesta del cole. Porque sí señores, aunque tuvieras en mente comprarle un disfraz en Amazon, en la tienda de la esquina o en los chinos, no hay mejor sorpresa que encontrarte una nota en la mochila de su cole, donde te explican de que se tienen que disfrazar y terminan con una posdata en la que textualmente te dicen: “Deja volar tu imaginación y a crear”. A mí personalmente y siendo sincera, debo decir que no me importó. Se me puede dar mejor o peor, pero reconozco que desde pequeña me han gustado mucho las manualidades. Y saber que es algo que haces con tu peque y para tu peque, me hizo ponerle más esmero y entusiasmo si cabe. Sin embargo, es verdad que es un quebradero de cabeza para muchos padres, y lo entiendo, ya que requiere de mucho tiempo, esfuerzo y ganas. Finalmente, en lo que todos coincidimos, es que cuando llegan al cole y se ven allí disfrazados, con el disfraz que te han ayudado a hacer, con el resto de compis, alucinando, disfrutando…. te das cuenta que el esfuerzo valió la pena.

Y no termina ahí. Los siguientes días, cuando salimos a la calle…. las comparsas, las carrozas, la música a todo volumen, las calles llenas de gente variopinta, familias enteras disfrazadas de distintos temas… su cara de asombro y de incredulidad lo dice todo: “Mira mamá mira, eso que es?” “Papi papi, mira unas arañas feas (un poco feas si que eran)”, “Mami mira unos piratas”, “Mira mira supermario”… Inolvidable!

Por otro lado, están los niños más grandes. Niños que ya no son tan niños. Muchos siguen disfrutando de los carnavales como el primer día. Aprovechan para disfrazarse, casi siempre, del personaje de moda, de su héroe favorito… e incluso a veces nos sorprenden con ocurrencias y creaciones propias. Pero también es cierto que es en esta edad cuando muchos le dicen adiós a estas fiestas y se convierten en meros espectadores. Ya sea porque se sientan grandes para esas cosas (eso pasa señores), ya sea porque descubren que no les gusta, no le encuentran la gracia, por sensación del ridículo…. una pena la verdad!

Y por último, estamos los mayores (algunos mayores). Te das cuenta de que empiezas a pertenecer a este grupo, cuando más que disfrazarte, lo que te apetece, son las laconadas en familia y con amigos, disfrutar de las orejas y filloas que tan ricas le salen a tu madre. En definitiva, cuando la fiesta pasa a otro nivel y prefieres sentarte y mirar el espectáculo desde la silla.

No recuerdo en qué momento dejé yo de disfrazarme, y la verdad no lo había echado de menos. Disfrutaba viendo a los demás y para mí eso era suficiente.

Sin embargo, este año al ver la cara de mi peque, algo hizo click dentro de mí. Sentí envidia de esos padres junto a sus hijos, la familia al completo, disfrazada de lo que fuera, pero compartiendo lo más importante, la ilusión de los más pequeños. Me dio envidia de ver las miradas de esos niños a esos papis, desde mi punto de vista, valientes. Miradas de orgullo, de complicidad… miradas llenas. Llenas de tantas cosas que hasta son difíciles de explicar.

Y es que, no hay nada mejor que un niño para recordarte, nuevamente, que no importa ser grande o pequeño, lo que importa es compartir la ilusión y felicidad del momento… junto a ellos!

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