Hoy vivimos en una sociedad más consumista que antes, o como se suele decir, que en mis tiempos. Donde los niños tienen de todo y de más, y aún así, siguen pidiendo. Donde Papa Noel y los Reyes Magos, no le traen uno, sino dos, tres… decenas de regalos, regalos de listas que nosotros mismos les ayudamos a elaborar, colaborando en ese afán consumista. Y si alguno se perdió por el camino, siempre nos quedará un segundo intento en el cumpleaños. Sí, que ahora los cumples son otro nivel, y también incluyen lista. Los juguetes ahora tienen fecha de caducidad, da igual que nuevo esté o lo bien/mal que lo cuidemos, pronto saldrá un modelo nuevo, la versión 2.0, y nos las ingeniaremos, sin mucho esfuerzo, por tenerla.

Por eso me gustaría enseñarle a mi niño, desde pequeñito, desde ya, que las cosas hay que cuidarlas. Que cuestan dinero. Y que el dinero supone trabajo y esfuerzo conseguirlo. Que no se puede comprar todo lo que se quiere y cuando se quiere. Que hay que valorar más lo que se tiene, y no, lo que no se tiene.

Sin embargo, como le explicas todo esto a un niño que acaba de cumplir tres años?

Recuerdo que de pequeña tenía una hucha, me la habían regalado por mi primera comunión, tenía forma de casita, y al meter las monedas sonaba una canción. También recuerdo hacer trampas, a escondidas, y sacar los dos tornillos de seguridad que tenía en los laterales del tejado, para poder acceder a las monedas y así disponer de ellas a mi gusto. Al principio sacaba alguna moneda de vez en cuando. Al final, era casi a diario, 5 o 10 pesetas para gominolas (sí, de aquella eran pesetas y cada gominola valía 1 o 2 pesetas) o para caramelos, o para cualquier cosa que pudiéramos comprar en el quiosco de la parada del bus del colegio. Esto hizo que la hucha estuviera la mayor parte del tiempo más vacía que llena.

Me acuerdo que ese mismo verano, se puso de moda un juguetito de estos chorras, un yoyó concretamente. De esas modas que se crean de la nada, como la del spinner este año. Todos los niños tenían un yoyó, era una plaga. Yo también quería tener uno. Cuando se lo pedí a mi madre, ella me dijo que si quería lo podía comprar con mi dinero. Claro que quería, pero lo que ella no sabía es que no podía. Y no podía porque el dinero me lo había gastado todo, a escondidas, en chucherías. Así que, me quedé sin yoyó.

Puede que ahí me empezara a dar cuenta un poco, no del valor del dinero, pero sí de lo que suponía ahorrar, el sacrificio de no gastarlo y la elección de hacerlo en lo que realmente merecía la pena.

Por qué no intentarlo con el peque?

Él ya tiene dos huchas. Una muy mona, que le regaló su padrino. Es una caja con un gatito escondido dentro, al ponerle la moneda, este saca la patita para cogerla al sonido de “miau” (seguro que la conocéis). La otra es el mítico buzón amarillo de correos en tamaño pequeño. De hecho, se la regaló el cartero. En ambas mete dinero, pero lo hace más como un juego, por la diversión que le supone, que por el hecho y lo que conlleva ahorrar.

Así que pensé que lo mejor sería hacer una hucha casera. Donde el peque se pudiera involucrar. Con algo transparente, para que pueda ver bien el interior y así ir observando cómo los ahorros crecen a medida que pasa el tiempo y le vamos echando monedas. Una forma más realista y más consciente de que el dinero no crece solo, y que no se llena de un día para otro. Luego, cuando llegara el momento de que quisiera/pidiera algo (la verdad que en ese sentido, y de momento, no es un niño que pida mucho y que sea caprichoso con las cosas) aprovecharíamos para hacerla y ponerlo en marcha.

Y ese momento llegó el fin de semana pasado. Fuimos a una juguetería a comprar la fiambrera y la botella para la merienda del cole, y allí estaba, un tractor enorme y precioso… su debilidad. Su cara ya lo decía todo. Me di cuenta que el tractor era el motivo ideal para que el peque empezara a ahorrar y fuera consciente de que conseguirlo supone un esfuerzo.

Así que allí mismo en la tienda le expliqué que el tractor costaba mucho dinero y que había que ahorrar para juntar ese dinero, que cuando lo tuviese, entonces volveríamos a comprarlo. Se quedó conforme. Al día siguiente, sin esperar más, me fui a comprar un tarro de cristal, algo para decorarlo y pegamento. Entre los dos hicimos nuestra hucha casera. Algo sencillito, no os creáis, la intención era que él participara en el proceso.

En el exterior de tarro decidí ponerle un velcro para así ir cambiando de objetivo. Hoy puede ser el tractor, mañana una bici, un juego…. De esa manera puedes escribir el nombre del objeto para el que vamos a ahorrar o incluso cuando son pequeños en vez de escribirlo puedes poner la foto del objeto.

Una vez que terminamos de hacer la hucha, estaba todo emocionado. Así que aproveché para reforzarle el motivo y la consecuencia de hacer esto. Le volví a explicar que esta iba a ser su hucha, que iba a estar en su habitación, que a partir de ahora todo el dinero que le fuera dando la gente y mamá y papá lo iríamos echando en ella. Y que una vez que el frasco estuviera lleno, entonces podríamos ir a la tienda a comprar el tractor que tanto le gustaba.

 

Vosotros que opináis? Os parece buena idea? Como enseñasteis a vuestros peques a valorar el dinero?

8 comments on “El Valor del Dinero!!”

  1. Es un tema que debemos tratar de hacer hincapié cuando son tan pequeños porque es cuando empiezan a comprender el valor de las cosas. Y, sinceramente, me parece maravillosa tu forma de empezar a hacerlo. Buenísimo y te lo copiaré seguro!

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