Monstruos espumosos para niños (DIY)

Vale, ahora mismo os estaréis preguntando que es esto de los monstruos espumosos para niños. Que no cunda el pánico, no pretendo asustar a vuestros peques y mucho menos que tengan pesadillas, todo lo contrario. Con estos monstruos espumosos os garantizo que vais a pasar un rato agradable y divertido con vuestros peques, sin duda, les van a encantar.

Y cómo lo sé?

Hace unas semanas tuve la oportunidad de acudir al cole de mi niño y pasar la mañana con ellos. Mi idea era enseñarles alguna manualidad o experimento. Así que, aprovechando que estábamos en pleno Halloween, le propuse a la profesora hacer slime (o como le hemos llamado ese día, moco de troll), un volcán de lava (que os enseñaré próximamente en otro post), y unos monstruos espumosos de lo más terroríficos y divertidos.

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Cómo hacer «slime»

El slime vuelve a estar de moda!! Y digo vuelve, porque cuando era niña ya jugábamos con él, solo que entonces lo llamábamos «blandiblú». Os acordáis? Creo que es imposible olvidarse de ese moco verde y viscoso, no se si daba asco o gustirrinín, pero nos pasábamos ratos y ratos manoseando y estirando esa cosa pegajosa. Siempre acababan llenos de basura de caer al suelo y por lo tanto adquiriendo un color oscuro desagradable. Momento en el que nuestras madres aprovechaban, añadiría que deseosas, para deshacerse de él sin que nosotros pudiésemos rechistar.

Ahora, unos cuantos años después, descubro que ese divertido moco verde se puede hacer en casa, de una manera muy sencilla, utilizando materiales muy asequibles y además del color que más nos guste. Espera que se lo cuente al peque, va a alucinar, me dije!!

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Tarta de queso al horno

Bueno, como ya me lo han pedido en varias ocasiones, hoy os voy a dejar la receta de tarta de queso al horno que hago.

Es verdad que si buscamos en internet recetas de tarta de queso al horno, nos encontramos un montón de ellas, cada una de su padre y su madre, lo cual hace complicado decantarnos por una.

De las que he probado, esta es la que ha conquistado mi paladar y, al parecer, también el de mis comensales, tanto pequeños como mayores. Y es que después de mi receta de lasaña, esta es la más solicitada. Bueno, esta y la de tarta de queso y chocolate blanco. Pero esa la dejaremos para otro día, si os parece. Jejeje…

Esta tarta de queso al horno es muy sabrosa por lo que se presta a comerla tal cual, sin embargo los más intrépidos podéis acompañarla de nata, chocolate, mermelada… o lo que os apetezca. Además, si tenéis la suerte de que sobre algo (no suele pasar), es una tarta que se conserva genial durante varios días, tanto fuera, como dentro de la nevera.

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No seas chivato!!

Hace unos días en el parque le escuché a una mamá decirle a su niño “no seas chivato” y no sabría explicar muy bien el motivo… creo que fue la cara del niño en respuesta a esas palabras pero, me hizo reflexionar y pensar sobre el tema. 

Qué significa ser chivato?

Si buscamos en la RAE o por internet podemos encontrarnos con varios significados:

  • Por un lado está la definición que dice que chivar es delatar algo o a alguien, o revelar con mala intención algo oculto que perjudica a otro.  
  • También puede referirse a contar una cosa a alguien para que obtenga un beneficio de ello o para acusar a otra persona. 
  • Delatar o acusar a alguien, señalar a alguien atribuyéndole la culpa de una falta, de un delito o de un hecho reprobable, para que sea castigado. 

En todos los casos parece que chivar va asociado a perjudicar, castigar o beneficiar a alguien. Siempre hay una intención. Es decir, un niño chivato nos estaría contando algo sobre alguien con la intención de perjudicar, castigar o beneficiar a esa persona.

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Niño «mal comedor», nace o se hace?

No sabría decir cuando empezaron realmente los problemas del peque para comer, pero juraría que fue prácticamente desde que nació. Lo que sigo sin saber a día de hoy es si un niño puede nacer «mal comedor» o lo hacemos «mal comedor».

Cuando nació el peque tenía claro que quería darle el pecho, sin embargo con la lactancia materna no ganaba peso, no sabía cuál era el problema.  Las visitas a pediatría para control de peso eran semanales, hasta que en una de ellas me dijeron que si seguía sin subir de peso lo tendrían que ingresar. Palabras que se grabaron a fuego en mi memoria y que provocaron que a partir de ahí, todo fuera a peor.

Entre el temor a que lo ingresaran y problemas que empecé a tener con la lactancia materna, decidí dejar de darle el pecho y pasar a la lactancia artificial. Tendría tres meses más o menos. Al poco de empezar con la lactancia artificial el peque empezó a rechazar el biberón. Nunca se terminaba las tomas, a veces quedaba más de la mitad. Al comentárselo a su pediatra en las revisiones periódicas que teníamos de control de peso, empezó una odisea. Primero nos decían que eran gases, por lo que nos recomendaron una leche artificial digestiva, pero no hubo mejora. Luego llegaron los probióticos, más tarde la leche hidrolizada… el tiempo pasaba y el peque no solo no  mejoraba sino que íbamos a peor.

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