Mamá, por qué esta señora va en una silla de bebé (silla de ruedas)? Por qué tengo que ir al cole? Por qué hay que lavarse las manos? Por qué ese señor no tiene pelo? Por qué llueve? Por qué nos mojamos? Por qué Bob Esponja es una esponja? Por qué vive en una piña debajo del mar?

Sí, señores… no hay ninguna duda. El peque ha llegado a la etapa de los “y por qué?”

Los niños desde muy pequeños quieren saberlo/explorarlo todo. Al principio su forma de explorar y descubrir cosas es tocando todo, chupando todo, incluso tirando todo… en definitiva mediante la manipulación y la exploración de los objetos y su entorno, etapa que alcanza su momento álgido cuando comienzan a caminar. Sin embargo, es cuando empiezan a hablar y a manejar el lenguaje, cuando realmente empiezan las preguntas. Quieren saber el motivo de todo. De cada acción, decisión o cosa que hacemos. Eso, sumado a que los niños no tienen filtro, te puedes encontrar con preguntas de todo tipo. Preguntas curiosas, preguntas divertidas, disparatadas… preguntas inverosímiles… preguntas comprometidas, agobiantes.

A quién no se le salieron alguna vez los colores por una pregunta de su hijo? Quién no deseó alguna vez el “tierra trágame” después de ver como su hijo formulaba “LA PREGUNTA” bajo la atónita mirada de un grupo de madres o padres, señoras o señores… cuyas miradas, ahora apuntando directamente a ti, esperan que por tu boca salga “LA RESPUESTA”, una respuesta experta, coherente, acorde con la edad del niño… y que le de sentido, o acabe con la tensión del momento? Porque señores, seamos realistas, a veces una inocente pregunta de un niño puede causar todo un tsunami.

Quizás por eso sea una etapa que los papis/mamis adoramos y odiamos a partes iguales.

Nos gusta ver como nuestro niños curiosos tienen ese afán de aprender, de querer saberlo todo. A veces simplemente como forma de diversión, de interactuar y comunicarse con nosotros. Por otra parte, está el miedo a situaciones incómodas, a no saber dar respuestas, a las preguntas en bucle, encadenadas una detrás de otra, de otra, de otra…

Por eso para llevar de la mejor manera posible esta etapa os dejo algunos pasos o consejos que debemos seguir:

  • Las respuestas deben ser sencillas y concretas, sin dar demasiados detalles y siempre acorde con la edad y compresión del niño. A medida que el niño vaya adquiriendo mayor capacidad de comprensión, se puede ir ampliando la información de las respuestas, aprovechando para introducir nuevas palabras y conceptos.
  • Nunca responder con un porque sí, porque lo digo yo, porque no hay más que hablar…
  • No se debe menospreciar, ignorar o ridiculizar al niño ante una pregunta. No hace falta decir que la mente de un niño y de un adulto son diferentes, por lo que una pregunta ridícula para un adulto no significa que lo sea para un niño.
  • Ante una pregunta para la que no tenemos respuesta, nunca, nunca debemos ignorarlo o quedarnos callados sin dar una respuesta. Cuántas veces ante una pregunta a la que no sabemos responder nos hemos hecho los locos en un intento de pasar desapercibidos y que se les olvide? Mal. Lo correcto es no mentir, no engañarles. Debemos decirles que no sabemos la repuesta pero podemos averiguarla entre los dos, consultándolo en un libro, diccionario… en internet. De esa manera le hacemos ver que mamá y papá no siempre tienen respuesta para todo, pero pueden ayudarle a buscarla.
  • Ante preguntas comprometidas nunca debemos decirles que eso no se pregunta. Lo que podemos hacer es, al llegar a casa, explicarle con calma, que determinadas preguntas no se deben hacer en público, que las debe hacer cuando estéis solos porque pueden producir malestar en otras personas.
  • Ante preguntas que no son acordes con su edad, no se les debe contestar indicando que cuando sea mayor ya lo sabrá. Se intentará buscar, dentro de lo posible, una respuesta acorde con su edad.
  • Si empieza con una cadena de preguntas, una tras otra, en vez de decirle que no pregunte más o que es un pesado, cuando consideremos oportuno podemos decirle que esa es la última pregunta por hoy. De esa manera evitamos darles a entender que nos desagrada que nos pregunten y además mantenemos abiertas las vías de comunicación dando pie a que continúen preguntando mañana o en otro momento. Si les damos a entender que no deben preguntar o que nos desagrada, lo que hacemos es inducir a que el niño se vuelva retraído, tímido… y cada vez le cueste más preguntar.
  • Recurrir a la ironía o al ingenio. Responder con algo alocado o absurdo. Esto hará que el niño reaccione con un “mamá, pero cómo va a ser así?” o “eso no puede ser, mamá”, momento que aprovecharemos para preguntarle “y cómo crees que es?” De esa manera se intercambiarán los papeles, haciendo así que ahora sea él el encargado de buscar una explicación. Una forma de inducirles a razonar y extraer conclusiones.

 

Aprenda. Cuando tenga una respuesta para todo, sabrá que ha dejado de aprender.

 

Habéis pasado ya por esta etapa? Alguna vez vuestros peques os pusieron en algún compromiso?

 

 

 

4 comments on “Por qué… Por qué… Por qué??”

  1. Qué bien escribes, qué bien explicas todo de verdad. Seguro que no tienes ningún problema para resolver las dudas de tu peque. A mi me queda todavía un tiempo pero me has resuelto muchas dudas que tenía. Si si, cuando llegue el momento recurriré de nuevo a este post. 👏👏👏

    • Ooohhh, muchas gracias! Ya sabes que a veces la teoría es más fácil que la práctica, pero no está de más tener unos consejitos útiles. Un beso grande

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