me sentí afortunada. Cuando todos los relojes de nuestra casa siguieron marcando las horas, los minutos, los segundos… me sentí afortunada.

Miro a través de la ventana, la realidad del exterior pasa desapercibida, pero sé que está ahí, ajena, y a la vez, cercana. Sólo hay que detenerse un poco a observar y verás como esa realidad se percibe en la mirada triste de mucha gente, en las muestras de agotamiento de los que siguen trabajando día y noche por el bien de todos nosotros, en las caras de preocupación de los que esperan noticias, en la desesperación de la pérdida sin despedida, de la llegada sin bienvenida… se me encoge el alma y yo… me siento afortunada. 

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