Hace unas horas, en la oscuridad de la noche, a solas, sentada en mi sofá. Con el aroma a regaliz de la infusión caliente que sostengo entre mis manos y, la mirada perdida en el parpadeo de las luces del árbol de Navidad, pensaba… pensaba en lo que ha supuesto el 2019 para mí.

Pensaba en lo afortunada que me sentía en ese preciso momento. Y no solo por la familia que tengo, o la que encontré al otro lado de la pantalla, de las teclas… por la suerte de este año no haber perdido a nadie en el camino… sino también por haber tenido la oportunidad de reencontrarme, por fin, conmigo misma. Oportunidad que me ha brindado la disciplina positiva

Y diréis, que tiene que ver la disciplina positiva en todo esto?

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