me sentí afortunada. Cuando todos los relojes de nuestra casa siguieron marcando las horas, los minutos, los segundos… me sentí afortunada.

Miro a través de la ventana, la realidad del exterior pasa desapercibida, pero sé que está ahí, ajena, y a la vez, cercana. Sólo hay que detenerse un poco a observar y verás como esa realidad se percibe en la mirada triste de mucha gente, en las muestras de agotamiento de los que siguen trabajando día y noche por el bien de todos nosotros, en las caras de preocupación de los que esperan noticias, en la desesperación de la pérdida sin despedida, de la llegada sin bienvenida… se me encoge el alma y yo… me siento afortunada. 

No, yo no deseo salir. No quiero una excusa para salir. No cuento los minutos para salir. Me conformo con el consuelo y la paz de saber que los míos están bien, que todo saldrá bien. Me conformo porque lo que más necesito y quiero lo tengo a mi lado. A mi niño. Un pequeño héroe, pero esta vez, sin haber pedido serlo. Una personita que a penas entiende la mitad de lo que pasa, por mucha realidad sin endulzar que le queramos mostrar, y aún así, también se conforma. 

Y lo miro y… me siento afortunada.  Siento que el destino me está dando una segunda oportunidad, aunque parezca un juego macabro. Tantas veces he suplicado que se detuviera el tiempo, el mundo entero. Tantas veces me he sentido culpable por no dedicarle todo el tiempo que se merece, que me gustaría, que desearía… que ahora, ahora no protesto, me siento afortunada. Sé que el día de mañana él se acordará de estos días, semanas… pero no por un virus, llamado coronavirus, que paralizó a un mundo entero, sino por todos los momentos que estamos pudiendo disfrutar, en familia, juntos… y me siento afortunada. 

Puede parecer una locura, pero en este “encarcelamiento” me siento más libre que nunca. Siento que por fin soy dueña de mi tiempo… y en él, no hay cabida para el mañana, para las excusas, para las culpas… solo para el aquí y ahora y, me siento afortunada. 

Soy consciente de lo que se nos viene encima, del esfuerzo que tendremos que hacer para que todo vuelva a ser “normal”, pero mientras llega, mientras sigo confiando en que todo va a salir bien, en que nos recuperaremos… aprovecharé cada minuto, cada segundo, porque tal vez mañana el destino nos tenga preparado otro juego macabro. Y en esa ocasión no pueda decir… me siento afortunada. 

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