Categoría: Personal

Lo que me ha enseñado el #MBDay19

Sábado 23 de marzo, en mi agenda aparece en letras grandes #MBDay19, como si se me fuera a olvidar, pienso. Llevo esperando esta fecha desde el mismo momento que terminó el #MBDay18. Mi primer MBDay.

Hace días que tengo todo preparado. Las ganas de revivir este día me emociona y abruma a partes iguales. El año pasado el MBDay dejó el listón muy alto, tanto, que no se si este podrá superarlo. Lo que sí se, es que llevo la misma ilusión y ganas que la primera vez, o incluso más. Ganas de abrazar, de conocer, de aprender, de disfrutar, de soñar… sí, soñar, porque en parte, el MBDay es un sueño.

Desde el mismo momento que puse un pié en Madrid, todo se convirtió en magia.

Y no hablo de la magia con la que siempre nos hace disfrutar un papá mago. No, magia de la de los cuentos. Como si hubiese venido el hada madrina de cenicienta, que por alguna extraña razón me la imagino con la voz de Mónica, la jefísima, y me hubiese dicho: «disfrútalo mucho porque esto lo hacemos por vosotros, sino yo no me meto en estos fregaos… tienes hasta las 19:00 de la tarde de hoy, luego volverás a ser la Cecilia de siempre».

Pero, lo que no sabía mi hada madrina, es que ya no volveré a ser nunca la Cecilia de siempre. Porque el #MBDAY19 me ha enseñado:

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2019. Un halo de esperanza.

Qué decir, cuando no tienes que decir nada. Qué hacer, cuando los deseos no son capaces de superar las ganas. Para que luchar si ya sabes que has perdido la batalla. 

Y así, pasan los días, los meses… y si te dejas, incluso los años. Años en los que intentas buscar tu lugar, y acabas escondida entre las sábanas. Sueñas con hacer muchas cosas, pero siempre acaban en saco roto. Te das cuenta que a diferencia de otros, te rindes, sin a penas haberlo intentado. Y el motivo no sabes si es el miedo, o el miedo es la excusa del motivo. 

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Mi deseo de Navidad: una educación responsable.

Último post del año… Post con el que me gustaría desearos felices fiestas y compartir con vosotros mi deseo de Navidad. El deseo de una educación responsable

Aún me parece que fue ayer cuando mi peque vino a este mundo, para ponerlo todo al revés. Para demostrarme que desde fuera las cosas se ven de otra manera y, que todo lo que habías pensado y soñado, se ha quedado por el camino. Un camino lleno de aprendizajes, de supervivencia, de resiliencia, de empatía… Porque lo que tengo claro es que no soy la misma Cecilia de hace cuatro años. Sabía que la maternidad me cambiaría, a quien no? Pero no sabía hasta que punto. 

Hasta que te conviertes en madre no te das cuenta de la mochila que llevas a tu espalda. No te das cuenta de que tu forma de vida está llena de lecciones adquiridas, aunque esa no fuera tu intención, pero ahí están. Y llega un día que esas lecciones salen de ti, sin pensarlo, ni tampoco quererlo, y reflexionas… eso no es lo que quieres hacer como madre y tampoco lo que quieres enseñar a tu hijo

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Niño «mal comedor», nace o se hace?

No sabría decir cuando empezaron realmente los problemas del peque para comer, pero juraría que fue prácticamente desde que nació. Lo que sigo sin saber a día de hoy es si un niño puede nacer «mal comedor» o lo hacemos «mal comedor».

Cuando nació el peque tenía claro que quería darle el pecho, sin embargo con la lactancia materna no ganaba peso, no sabía cuál era el problema.  Las visitas a pediatría para control de peso eran semanales, hasta que en una de ellas me dijeron que si seguía sin subir de peso lo tendrían que ingresar. Palabras que se grabaron a fuego en mi memoria y que provocaron que a partir de ahí, todo fuera a peor.

Entre el temor a que lo ingresaran y problemas que empecé a tener con la lactancia materna, decidí dejar de darle el pecho y pasar a la lactancia artificial. Tendría tres meses más o menos. Al poco de empezar con la lactancia artificial el peque empezó a rechazar el biberón. Nunca se terminaba las tomas, a veces quedaba más de la mitad. Al comentárselo a su pediatra en las revisiones periódicas que teníamos de control de peso, empezó una odisea. Primero nos decían que eran gases, por lo que nos recomendaron una leche artificial digestiva, pero no hubo mejora. Luego llegaron los probióticos, más tarde la leche hidrolizada… el tiempo pasaba y el peque no solo no  mejoraba sino que íbamos a peor.

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El mejor consejo que me han dado: «abraza el caos»

Cuando me convertí en madre mi vida dio un giro de ciento ochenta grados. Al mismo tiempo que aprendía a lidiar con las opiniones ajenas, con la lactancia materna, con las dudas, la culpa, el cansancio… tenía que ver como el caos pasaba a convertirse en el protagonista indiscutible de mi vida. Reconozco que nunca fui un hacha de la organización y el orden pero, sí me considero una persona que le gusta tener todo bajo control. No soy de esas personas que son capaces de disfrutar de la vida «dejándose llevar». Me gusta planear las cosas, saber las opciones que tengo, las alternativas. Mi cabeza da muchas más vueltas de lo que realmente me gustaría.

Así que sí, como ya os he contado anteriormente, cuando empecé con este blog, lo hice con la finalidad de recuperar el control de mi vida. Dejar atrás el caos y tomar las riendas de mi nueva vida (como madre). Desde entonces he cambiado muchas cosas.

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