Cuando me convertí en madre mi vida dio un giro de ciento ochenta grados. Al mismo tiempo que aprendía a lidiar con las opiniones ajenas, con la lactancia materna, con las dudas, la culpa, el cansancio… tenía que ver como el caos pasaba a convertirse en el protagonista indiscutible de mi vida. Reconozco que nunca fui un hacha de la organización y el orden pero, sí me considero una persona que le gusta tener todo bajo control. No soy de esas personas que son capaces de disfrutar de la vida “dejándose llevar”. Me gusta planear las cosas, saber las opciones que tengo, las alternativas. Mi cabeza da muchas más vueltas de lo que realmente me gustaría.

Así que sí, como ya os he contado anteriormente, cuando empecé con este blog, lo hice con la finalidad de recuperar el control de mi vida. Dejar atrás el caos y tomar las riendas de mi nueva vida (como madre). Desde entonces he cambiado muchas cosas.

Busqué un método sencillo que sirviera para organizarme. Confiaba en que de esa manera pudiera llegar a todo lo que tenía que hacer en el día a día e incluso arañar algo de tiempo para poder dedicarlo a… no hacer nada, a descansar. Que ya es bastante. Incluso si me venía arriba dedicarlo a mis caprichos, o a quedar con gente para no verme encerrada en el círculo de bibes, pañales, mocos, virus…

Decidí cuidarme un poco más haciendo ejercicio y comiendo más sano, la finalidad no era verme mejor, aunque si de paso lo conseguía, sería bienvenido. Todos conocemos la importancia de la autoestima. La finalidad era recuperar esa energía que poco a poco había ido desapareciendo en el embarazo. Llegar a realizar cualquier tarea cotidiana sin parecer que estaba haciendo una carrera de fondo, y sin acabar con la lengua de fuera.

Aprendí a alejarme de la gente tóxica y, rodearme de gente positiva, gente que suma. Gente que te motiva, que te valora, que te da fuerzas para comerte el mundo… aunque sea a bocados pequeñitos y saboreando lentamente cada uno de ellos. Descubrí la importancia del contagio emocional y hasta encontré una tribu donde sentirme comprendida, apoyada, valorada y  sobre todo donde poder desahogarme.

Sin embargo, a pesar de todos mis esfuerzos, de todos estos cambios… siento que sigo viviendo en un continuo caos. Siento como me arrastro y lo peor arrastro conmigo a los míos.

A papi, que a pesar de haber resistido como un campeón a esta situación de caos, estoy yo para recordárselo todos los días, no vaya a ser que se le olvide. Y ahí estoy yo…  tenemos que, hay que, por que si hacemos o dejamos de hacer… pobre mío, ya no sabe por donde escapar. Y él, que a diferencia de mí, sí que es capaz de “dejarse llevar”, de disfrutar del momento, sin planes, sin nada… Parece que con tantos “tenemos que hacer”, estuviese buscando la manera de aguarle la fiesta. Esa fiesta de la que tanto me cuesta participar, por no ser capaz de desconectar. Y al final me encuentro engrosando una lista de tareas. Tareas que no son urgentes, a veces ni necesarias, pero que yo pongo toda mi fe en ellas como si fueran a ser la solución, mi punto y a parte. Y lo hago porque realmente en el fondo me convenzo y me creo que serán el condicionante para ese cambio tan ansiado por mí. Cambio que nunca llega. Gracias papi por el esfuerzo y seguir dejándote llevar a pesar de mis impedimentos.

Pero sobre todo a mi peque, un niño a punto de cumplir sus cuatro añitos y al que siento que a veces le exijo mucho más de lo que se merece y corresponde. Un niño que no es que porte bien es que se porta excelentemente bien (dentro de lo que es un niño). Un niño que pasó por los dos y tres años, sin enseñarme lo que son las rabietas, tan temidas por nosotros, mamis y papis. Un niño que desde muy muy pequeñito, con a penas cuatro meses, tuvo que ir a la guardería y se tuvo que adaptar a normas y rutinas. Normas que sin duda son necesarias para ellos, mi hijo es un reflejo de ello y por eso, con el pasar del tiempo, hemos seguido y reafirmado en casa. Sin embargo, siento que a veces en mi afán por querer controlarlo todo, me excedo.

Y entonces, con la ayuda de mis queridas amigas de @yalodecíamiabuela, y escuchando su podcast donde entre muchas cosas interesantes, hablan de disfrutar de la maternidad. Caigo en la cuenta de que este caos realmente me está impidiendo disfrutar de la maternidad como debiera… como me gustaría. Me impide estar relajada y eso hace que mi actitud cuadriculada lo sea también para con el peque. Y sí, señores, está bien educar a nuestros hijos, decirles lo que está bien y está mal hecho, es importante corregirlos y reforzarlos, está bien ponerles normas, pero también es importante darles espacio… dejarles explorar, que salga de ellos hacer cosas, aunque se equivoquen y estén mal hechas, aunque hacerlas suponga estropear algo o poner la casa patas arriba. Y en ese proceso, no cortarle las alas, sino participar. Aunque ello suponga romperme los planes, suponga todavía más caos, porque ese, es mi problema, no el suyo.

Por eso quiero relajarme, soltar cuerda… quiero reírme más y disfrutar al máximo. Porque la realidad es que cuando me de cuenta ya no habrá vuelta atrás. Habré perdido el tiempo en querer buscar una maternidad perfecta, sin caos… pero sabéis que, que la maternidad es caótica. Y lo que hay que hacer no es tratar de buscar una solución a ese caos… sino aprender a vivir y a disfrutar dentro de ese caos. Como dice mi querida Monica de la Fuente: “abraza el caos”. El mejor consejo que me han dado en la vida. Sí señores, no puede tener más razón.

He tardado demasiado tiempo en darme cuenta de ello, pero aquí estoy. Intentando cambiar el discurso con el que en su día empezaba este blog. Por eso, como hice en su día, hoy me encomiendo de nuevo a vosotros, los que estáis del otro lado. Y os muestro mi compromiso público de NO cambiar para abrazar el caos. Aunque el caos también requiere de un aprendizaje, “dejarse llevar” no es fácil. Pero lo intentaré, porque hay una personita que es la que me empuja a hacerlo. La que hace que esté aquí compartiendo mis pensamientos con vosotros. Por eso no esperéis tanto tiempo como yo a daros cuenta y como dice mi buena amiga Mónica: “abrazad el caos” y dejaros llevar, porque nos queda un largo viaje.

Y que mejor manera de empezar tomando ejemplo que aprovechando al máximo las vacaciones. Vacaciones que empiezo hoy y pienso disfrutar con papi y con el peque. Por eso perdonadme porque estaré desaparecida un tiempo… estaré “dejándome llevar”. Pero eh, que volveré.

1 comment on “El mejor consejo que me han dado: “abraza el caos””

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