Sí, escuchas esas palabras… hostia, ya! Y sabes que algo no va bien, que esa persona está enfadada, cabreada, frustrada… pero… y si esas palabras las escuchas en un niño de tres años?

Tengo que decir que a excepción de alguna vez que soltó alguna palabrota por imitación cuando estaba empezando a hablar, y quedó ahí, en la anécdota del momento, es la primera vez que le escucho decir una palabrota con todo su significado, en respuesta a una acción, a una situación.

Y cuando lo dijo, tengo que reconocer que me quedé paralizada, sin saber muy bien cómo reaccionar y que hacer. Tardé unos segundos en ir a su lado a ver lo que había pasado, a que se debía esa reacción.

Al llegar a su cuarto me lo encontré frustrado. Frustrado porque al querer montar unas piezas de un juego y ver que no le salía como quería… su impulso fue tirar todo al suelo y gritar: hostia, ya!!

De esta situación saco dos conclusiones:

La primera es que teníamos que empezar a trabajar la frustración, la ira, el enfado… porque no estaba sabiendo gestionarlas.

  • Hablando mucho con él. De hecho, en ese mismo momento, me senté a su lado y con calma le expliqué que entendía su enfado y su tristeza, pero que muchas veces las cosas no salen como queremos (o a la primera) y que no pasaba nada, que en vez de enfadarnos y tirar todo, lo que había que hacer es intentarlo de nuevo. En uno de esos intentos saldrá como queremos o incluso mejor. Ahora, le ponemos ejemplos con cosas que a papá y mamá tampoco les salen bien, y no pasa nada, la siguiente saldrá mejor.
  • Por medio de la lectura. Todos sabemos que los libros son una herramienta muy poderosa para enseñar y transmitir cosas a los niños. Lo mismo con las emociones. Hay libros maravillosos sobre las emociones y los distintos estados de ánimo. Nosotros tenemos el “Emocionario” que es un libro que recoge todas la emociones. Cuando necesitamos identificar como nos sentimos en un momento determinado, podemos recurrir a él para identificar que emoción es y conocer más sobre ella. Es una forma de aprender jugando. Sin embargo, hay un montón de libros sobre emociones, sobre el amor, sobre el enfado… os dejo link de una página que menciona 50 cuentos para trabajar las emociones con niños. (Yo ya me he anotado algunos)

La segunda es valorar de donde pudo salir esa palabrota y como debemos reaccionar si se vuelve a repetir.

Que los niños aprenden por imitación ya es sabido por todos, pero los que estamos a su alrededor muchas veces no somos conscientes de ello. Hablamos con nuestros amigos, conocidos y familiares con ellos delante y nos olvidamos que están presentes. Y es que a veces aunque pensemos que están entretenidos, jugando… están escuchando, y absorben todo (por algo se dice que son esponjas). En casa no solemos decir muchas palabrotas e intentamos tener cuidado, pero aún así, siempre se puede escapar alguna en un momento determinado. Sin embargo, desde el mismo momento que esa palabrota salió de su boca, sabía que no venía de nuestro entorno, porque es una palabrota que no usamos NUNCA. De donde salió entonces? En el cole, en el parque, en la tele… la pudo escuchar en cualquier sitio. Y no podemos meterlos en una burbuja, no podemos evitar que eso pase.

Que hacemos entonces?

A continuación os dejo algunos consejos de como debemos actuar:

  • Dar ejemplo en casa. Como decía antes, los niños tienden a imitar lo que ven, escuchan, lo que hacemos… por lo tanto intentemos no decir cosas que luego no queramos que ellos repitan.
  • No reñirle, si al escuchar esa palabrota reaccionamos al momento riñéndole, el niño puede relacionar esa palabra con herramienta para llamar la atención. De manera que cuando en el futuro quieran llamar nuestra atención, posiblemente acaben recurriendo a esa palabra.
  • No reír ni sonreír en ese momento. A veces el hecho de escuchar palabrotas en la boca de niños tan pequeños, puede provocarnos gracia, una situación cómica. Sin embargo, lo único que conseguiremos con esta actitud es que el niño vuelva a repetirlo para provocar nuevamente la risa.
  • Indiferencia. Ignorar por completo que lo ha dicho. Actuar como si no hubiera pasado. Al ver que no reaccionamos de ninguna manera lo más probable es que esa palabra se le acabe olvidando.
  • Si a pesar de todo vemos que se acaba convirtiendo en una situación recurrente, lo mejor que podemos hacer es explicarle que esas palabras no se deben decir, porque pueden provocar malestar en los demás y porque decirlas puede suponer una opinión negativa de los demás hacia él. Si como respuesta a “esa palabra no se dice” nos encontramos por su parte un “pues tú la dices”, lo que debemos hacer es reconocer nuestro error, decirle que por nuestra parte está mal hecho y que tampoco lo vamos a volver a hacer.
  • Ofrecer alternativas, otras palabras que le puedan aportar lo mismo a esa situación o emoción. Incluso en caso de no encontrar la palabra adecuada se pueden inventar y convertirlo en un juego familiar.

 

 

Y vosotros?? Habéis pasado alguna vez por esta situación??

4 comments on “Hostia, ya!!”

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