Etiqueta: emociones

Hostia, ya!!

Sí, escuchas esas palabras… hostia, ya! Y sabes que algo no va bien, que esa persona está enfadada, cabreada, frustrada… pero… y si esas palabras las escuchas en un niño de tres años?

Tengo que decir que a excepción de alguna vez que soltó alguna palabrota por imitación cuando estaba empezando a hablar, y quedó ahí, en la anécdota del momento, es la primera vez que le escucho decir una palabrota con todo su significado, en respuesta a una acción, a una situación.

Y cuando lo dijo, tengo que reconocer que me quedé paralizada, sin saber muy bien cómo reaccionar y que hacer. Tardé unos segundos en ir a su lado a ver lo que había pasado, a que se debía esa reacción.

Al llegar a su cuarto me lo encontré frustrado. Frustrado porque al querer montar unas piezas de un juego y ver que no le salía como quería… su impulso fue tirar todo al suelo y gritar: hostia, ya!!

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Contagio Emocional!!

Alguna vez os encontrasteis en un circulo vicioso del que no erais capaces de salir? 

Yo llevaba tiempo sintiéndome así. En casa, el cansancio se había apoderado de mi, de papi… de nosotros. El trabajo, la casa (siempre desordenada), el peque, el no dar llegado a todo, el querer hacer más de lo que puedes, el no tener tiempo… nos llevó a una situación de crispación permanente. Las conversaciones, sin saber cómo, se empezaron a centrar solo en lo negativo. Cada vez eran más frecuentes los pulsos, casi batallas, de quién estaba más cansado, justificando quien hacía o dejaba de hacer cada cosa. Al final, con el tiempo, te acostumbras tanto a vivir en ese ambiente que te parece que es lo normal, ves que hay más gente como nosotros, y lo usas como disculpa, pero no! No es lo normal, no debería serlo.

Lo peor de todo es que realmente quien me hizo darme cuenta de ello fue mi niño, y lo hizo poniéndome la mano en la cara y diciéndome: “mama que te pasó? Estás triste?”. Con apenas tres años. Entenderéis que esas palabras me cayeran como un jarro de agua fría. Se me encogió el corazón, y en ese preciso instante me di cuenta que lo estábamos haciendo fatal. Pensamos que jugando con él, leyéndole cuentos, llevándolo al parque, a la playa… comprándole algún capricho de vez en cuando… que ya lo estás haciendo feliz. Nos olvidamos que ellos, aunque sean niños, perciben esa tensión, puede que a su manera, pero la perciben. Y aunque está claro que no podemos, ni debemos, meter a los niños en burbujas y hacerlos ajenos a todos los problemas. Aunque sea consciente de que hay que explicarles y hacerles entender que papá y mamá también lloran y también tienen momentos de tristeza, de estar enfadados… en esta ocasión, sentía que no era un momento, sino una situación. Una situación generada por nosotros y evitable. Me di cuenta que no quería que mi niño creciera en un ambiente tenso y que era momento de hacer algo, pero… Que podía hacer? 

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