Nadie tiene la receta mágica para llegar a ser madres/padres perfectos. Ojalá! Ojalá ante cualquier situación donde no supiéramos cómo actuar, nos sintiéramos desbordados, sin saber que hacer o que es lo mejor… tuviéramos un genio o un hada madrina que nos dijera paso a paso que debemos hacer. Pero no!

El primer error ya lo cometemos al pretender ser padres/madres prefectos. Eso no existe. Como seres humanos que somos, no nacemos aprendidos, nos equivocamos, una, dos… muchas veces. Tropezamos varias veces en la misma piedra. Sin embargo, lo que verdaderamente importa es saber parar, reflexionar, ver que hicimos mal, que podemos cambiar o mejorar, levantarse y solucionarlo. Aprender de los errores cometidos para no cometerlos de nuevo.

La responsabilidad de educar a un hijo, la responsabilidad de hacerlo sabiendo que lo que haces es lo mejor para él, es enorme. Pero sobretodo, es muy muy difícil. Y ya no solo por las dudas, miedos… por la culpa. Sino también por la “herencia educacional” que llevamos a nuestras espaldas. Las famosas “mochilas”.

Muchas veces, ante el desconocimiento, lo que hacemos es recurrir a lo que nos enseñaron de pequeños, a lo que se vino haciendo siempre. Sin embargo, los que me conocéis sabéis que soy de la opinión de que, porque algo se lleve haciendo de una manera toda la vida, no quiere decir que esté bien hecho. Solo hay que pensar en el tema cachete. Es una mochila que llevamos arrastrando desde pequeños. Lo vivimos, lo aprendimos, lo normalizamos… pero, NO está bien!

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