No sabría decir cuando empezaron realmente los problemas del peque para comer, pero juraría que fue prácticamente desde que nació. Lo que sigo sin saber a día de hoy es si un niño puede nacer “mal comedor” o lo hacemos “mal comedor”.

Cuando nació el peque tenía claro que quería darle el pecho, sin embargo con la lactancia materna no ganaba peso, no sabía cuál era el problema.  Las visitas a pediatría para control de peso eran semanales, hasta que en una de ellas me dijeron que si seguía sin subir de peso lo tendrían que ingresar. Palabras que se grabaron a fuego en mi memoria y que provocaron que a partir de ahí, todo fuera a peor.

Entre el temor a que lo ingresaran y problemas que empecé a tener con la lactancia materna, decidí dejar de darle el pecho y pasar a la lactancia artificial. Tendría tres meses más o menos. Al poco de empezar con la lactancia artificial el peque empezó a rechazar el biberón. Nunca se terminaba las tomas, a veces quedaba más de la mitad. Al comentárselo a su pediatra en las revisiones periódicas que teníamos de control de peso, empezó una odisea. Primero nos decían que eran gases, por lo que nos recomendaron una leche artificial digestiva, pero no hubo mejora. Luego llegaron los probióticos, más tarde la leche hidrolizada… el tiempo pasaba y el peque no solo no  mejoraba sino que íbamos a peor.

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